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Nunca creí que algún día pudiese llegar a sentirme de ese modo, absolutamente roto, devastado y hecho pedazos.
La silueta de Ariel despareció tan pronto las puertas del elevador se cerraron y yo sentí como el aire comenzaba a faltarle a mis pulmones, como la vida comenzaba a hacerse escombros delante de mis propias narices.
Cuando supe que la quería, cuando supe que me había enamorado de ella







