Capítulo 17—Eres mi maldita locura, mi perdición
Narrador:
Cuando el vestido se abrió, Killian la ayudó a deshacerse de la tela que cayó al suelo como una piel vieja, quedándose en ropa interior.
—¿Mejor?
Susurró la pregunta intentando no mirarla por lo que significaba tenerla tan cerca de esa manera. Ella asintió, pero su mirada cambió. Ya no era vulnerabilidad, era deseo, el mismo que siempre latía entre ellos, disfrazado de odio, de orgullo, de rabia.
—Te juro que no quise llamarte
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