Grace se quedó sola en la sala de juntas, con el silencio pesando sobre sus hombros, hasta que la puerta se abrió de nuevo. No era Dustin, sino un hombre de traje impecable y porte elegante que ella reconoció al instante: André, un antiguo amigo y socio estratégico de Dominic que siempre se había movido en los círculos más exclusivos de la élite financiera.
André se detuvo en el umbral, observando a Grace con una fascinación que no se molestó en ocultar. Sus ojos la recorrieron de arriba abajo