C91: Pirañas al ataque.
Maxwell entró en la casa con los hombros caídos y el rostro grisáceo. En cuanto cruzó el umbral, Derek y Doménica se lanzaron contra sus piernas, rodeándolo con el afecto incondicional de siempre. Él se agachó con esfuerzo, forzando una sonrisa para abrazarlos, aunque sus manos temblaban levemente por la debilidad de la extracción.
—¡Papá! ¿Por qué tardaste tanto? —preguntó Derek, mirándolo con curiosidad—. Te ves pálido, ¿estás enfermo?
—No, campeón. Solo estoy muy cansado —respondió Maxwell,