Dominic salió de la oficina con el corazón desbocado y buscó a sus hijos por todo el edificio hasta que los encontró en la cafetería. Los niños se pusieron tensos al verlo aparecer; se refugiaron en sus asientos, dejando los helados a medio comer. Dominic se acercó despacio y se puso en cuclillas para no intimidarlos.
—Sé que son pequeños y no entienden muchas cosas —comenzó con la voz baja, luchando por no quebrarse—. Quizás escucharon llorar a su mamá por mi culpa, y es verdad: hice cosas mal