Dominic había regresado al despacho con el paso pesado y la mejilla todavía ardiendo por la bofetada que le estampó Grace. Se detuvo frente al ventanal, apretando los puños mientras intentaba controlar la respiración. El desprecio en los ojos de Grace lo había golpeado más fuerte que su mano; la forma en que se limpió los labios, como si su beso fuera algo repugnante, le había abierto una grieta en el pecho que no lograba cerrar.
El sonido de unos aplausos lentos y sarcásticos rompió el silenci