C33: No quiero nada de él.
Grace cruzó el umbral de su casa a las once y media de la noche, sintiendo como si llevara el peso del mundo sobre los hombros. Todo estaba en silencio y en penumbra, a excepción de una luz amarillenta que provenía de la sala. Al entrar, se detuvo en seco al ver el comedor. La mesa de madera noble, donde solían cenar en familia, había desaparecido bajo montañas de carpetas, documentos y un computadora portátil.
Maxwell estaba sentado allí, con la camisa remangada y el rostro marcado por el ca