La niñera de Arthur se había alejado unos metros para comprar una botella de agua, confiando en que el niño no se movería. Derek se acercó también, curioso por la interrupción del juego.
—Pero es fácil —insistió Doménica—. Solo tienes que patearla.
—Es que yo no puedo agitarme —explicó Arthur, suspirando—. Tengo asma.
Derek y Doménica se intercambiaron una mirada de sorpresa y luego sonrieron con naturalidad.
—¡Nuestro papá también tiene asma! —exclamó Derek con entusiasmo—. Y él sí corre y jue