Darek Adams
—Argelis, ¿Dónde están los documentos de la empresa alemana? —le pregunto por medio del teléfono.
—Los dejes en su escritorio esta mañana —responde, miro el escritorio y no hay nada allí.
—No están, ¿segura de que los dejaste aquí? —cuestiono,
—¡Oh, Dios!, lo dejé en el escritorio del señor Cooper, se los llevo enseguida —suspiro.
—Bien —cuelgo, mi teléfono personal timbra y es Litza, no esperaba llamada de ella por un buen tiempo, no después de haberle robado ese beso—Hola, ¿