Para sorpresa de este, Isobel manejaba la yegua a la perfección.
Le había costado un poco en un principio, pero posteriormente había recordado todas las clases de equitación que su mamá le hizo tomar de niña y le había encontrado el ritmo a las riendas, siguiendo el de Graham de cerca, pero a una distancia prudente. Admitía que viajar en carruaje era mucho más cálido que hacerlo a caballo en invierno, pero disfrutaba más del paisaje antiguo de Edimburgo de esa manera.
─¿Estamos muy lejos del la