Pandora Muller
—¡¡Aaaaaaaah!! —Lucy y yo gritamos en unísono cuando llego a su casa a visitarla.
No sabía que la había extrañado tanto hasta ahora que nos abrazamos y saltiteamos como niñas al reencontrarnos.
—¡Bienvenida, morena! —dice dándome una vuelta con la mano. —¡Qué hermosa te pusiste, amiga! Estás radiante. Ese color tostado te queda divino.
—Gracias —Vuelvo a abrazarla. —Te extrañé mucho, Lucy.
—No creo que hayas tenido tiempo para eso, pero agradezco tu intención de hacerme sentir bi