Capítulo LXVIII. Dolor, sentimientos y huida.
Hanna.
Pocas veces había recurrido, a mi fuerza interior, a esa que me hizo organizar el funeral de mis padres, a vender lo que podía, cuando los acreedores cayeron sobre lo que hubiera quedado de los bienes de mis padres. Agarrándome siempre a lo único que me quedaba, Mia. Justo eso fue lo que me hizo trabajar como acompañante, o lo que, cuando mi hermana tuvo el accidente, me llevó aceptar un contrato, vendiéndome a un hombre, que me volvía loca, me tentaba, y me derribaba todas las barreras