Capítulo LXXXII. Una sorpresa inesperada.
Hanna.
La pregunta directa de Mia tuvo dos reacciones muy destacables, la primera fue la carcajada estrepitosa, ruidosa y totalmente sincera de un Alfaque miraba a mi hermana como adorándola. La segunda fue los síntomas más que evidentes de mi ahogo, por la saliva que se había colado por el camino equivocado, ante la vergüenza que esa niñata me hacía pasar, mientras trataba de no morir ahogada.
- ¡Mia, por dios! Metete en tus cosas, niñata.”- le dije una vez había recuperado el habla. Pero un