Él no respondió, obviamente. Pero la calidez en la base de mi cabeza palpitó una vez, y elegí creer que ella había escuchado mi oración en aquel claro. Que se lo había llevado de la forma en que se lo pedí.
—Adiós, Sebastian.
Volví a subir la sábana y luego me eché hacia atrás.
Melissa me estaba observando desde la compuerta trasera, con su pie vendado extendido a lo largo de la caja de la camioneta, a pocos centímetros del hombre que había pasado años intentando dejar atrás. Sus ojos estab