Punto de vista de Avery
Levanté la mano y tomé un mechón de cabello entre mis dedos, tirando de él hacia afuera de mi hombro para verlo mejor. Era del mismo color castaño de siempre, con vetas claras mezcladas con un rubio ceniza.
No era plateado. Ya no.
Pero aún podía sentir el calor. El mismo calor que solía sentir hace años, antes de que toda una vida de sufrimiento se interpusiera entre la fe a la que me aferraba como a un salvavidas y yo.
Levanté la mirada. La luna colgaba en lo alto e