Punto de vista de Alfa Gideon
Avery estuvo callada durante el viaje a casa, con la mejilla presionada contra la ventana y esa pequeña sonrisa aún posada en su rostro. Su mano no soltó la mía en todo el camino. Había entrelazado sus dedos con los míos tan pronto como salí de la entrada y, ahora que nos estacionábamos en la nuestra, seguía aferrada.
Estacioné y saqué la llave del encendido, mirándola.
—¿Segura de que estás bien? —pregunté—. Has estado muy callada.
—Sigues preguntándome eso