La culpa me inundó de nuevo. Si tan solo hubiera sido capaz de intervenir, habría podido salvarla de esto.
—Iré a verla —dije, y alargué la mano hacia el pomo de la puerta. Uno de los sanadores se estiró para detenerme. Arqueé una ceja hacia él.
—Alfa, debe saber que ella está delirando por la fiebre. Está balbuceando tonterías. ¿Le recomendaría regresar después de que esté menos... agitada?
—He tomado nota de sus preocupaciones —dije brevemente y abrí la puerta. Vi a los sanadores intercambi