Eos salió del baño y, al abrir la puerta, se encontró con una habitación vacía, despojada de todas sus pertenencias. Un escalofrío recorrió su espalda mientras observaba incrédula de que en un abrir y cerrar de ojos ya tenga que dormir con su mate. Las lágrimas amenazaron con emerger en sus ojos, pero se obligó a mantener la calma.
Caminó de un lado a otro, sintiéndose perdida y vulnerable. El silencio que la rodeaba era abrumador, y el corazón le latía con fuerza, como si estuviera tratando de