—Bienvenida a La Guarida. —El alfa logró esbozar una sonrisa mientras la miraba y extendía la mano hacia ella.
¿La Guarida?
Le costó todo su autocontrol no echarse a reír. Era un nombre horrible para una manada, pero ¿quién era ella para quejarse?
—Gracias. —Ariel le devolvió la sonrisa mientras estrechaba su mano con calidez, repitiendo el gesto con el beta y el gamma.
—Bienvenida —repitieron ellos, aunque después de lo que había hecho el gamma, Ariel seguía desconfiando de ellos.
—Ya debe ser