—¡Kane! —Ariel hervía de rabia mientras abría la puerta de golpe. Si no estuviera tan molesta, habría admitido que la camisa azul claro se ajustaba perfectamente a sus músculos, definiendo ese pecho bien tonificado, y que en su próxima vida quería ser una camisa.
Concéntrate, Ariel, se supone que estás enfadada con él.
Kane apartó lentamente la mirada de su trabajo y levantó la cabeza para verla, con una pequeña sonrisa en los labios.
—Bueno, hola, cariño. Te ves realmente deslumbrante hoy, ¿en