El silencio que envolvió la habitación después de que Ariel hablara fue suficiente para hacerle saber que no estaban solos.
Miró a su alrededor; alrededor de tres pares de ojos estaban fijos en ella, y no deseaba otra cosa que hundirse en el suelo.
—Oh, mierda, lo siento por eso; no tenía idea de que… yo solo…
Ariel señaló hacia la puerta, pero las palabras no le salían en el momento en que más las necesitaba.
—Está bien; iré por ti.
Kane casi se derretía ante su ternura, y le costaba contener