Parte 8...
Enzo
Cuando llegué al lugar donde me dijo Manollo, pronto vi a los dos hijos de puta que se habían atrevido a meterse conmigo. Los dos resultaron heridos y una ligera lluvia comenzó a caer, añadiendo un toque de dramatismo a la escena. Salí del auto y fui hacia ellos.
Ambos habían sido torturados. Vi que a la criada le temblaban las manos. Le sangraban los dedos y le faltaban las uñas. El jardinero apenas podía abrir los ojos.
El viento susurraba oscuros secretos, mientras las gotas