Me sentó encima de la mesa de póquer, abriendo mis piernas, subiendo mi vestido rojo hacia arriba para darse acceso a mi intimidad. Dominic metió la mano dentro de mi bombacha de encaje y, sin poder evitarlo, me estremecí bajo su tacto, loca de calentura.
— Está tan mojadita... —Dominic murmuró en voz ronca, mirándome con deseo crudo antes de arrodillarse frente a mí—. Llega a ser un pecado no follarte ahora, mi amor.
Sin que pudiera responderle, Dominic se colocó entre mis piernas, apartó mi b