Sentí ligeros rayos de sol contra mi piel blanca, mientras a través de los lentes oscuros veía la gran piscina de aguas azules traslúcidas.
Di otro sorbo a mi limonada. Estaba acostada en una reposera con mi pie totalmente inmovilizado y estirado en una posición cómoda. Vestía, por debajo del bikini negro, una camisa ligera de mangas largas con dibujos de flores y un pantalón de tela rosa.
Cuando Isabella me llamó para pasar el día con ella en la piscina, no rechacé su invitación.
Estar acompañ