Dominic salió de encima de la cama mientras yo estaba jadeando, sin aliento. Todo mi cuerpo estaba caliente, receptivo, esperando su maldito tacto.
Erguí la cabeza, viéndolo abrir otro cajón de la mesita de noche, sacando de dentro algo pequeño y plateado. Abrí los ojos de par en par, imaginando que aquello debería ser algún tipo de juguete sexual. Pero no lo era.
Caminó hasta los pies de la cama, mirándome por un largo momento, antes de sujetar mi tobillo inmovilizado por la bota y la esposa.