Me sentía insegura. Pero también sabía que estaba tomando la decisión correcta, aunque esto me causara temor.
Sujeté a Isabella en mis brazos, con cuidado de no despertarla después del viaje. Mientras Dominic, con un brazo libre y el otro sosteniendo a un Bernardo somnoliento, puso su mano en mi cintura, dándome su apoyo silencioso.
Caminamos por la pista de aterrizaje, hacia el coche que nos esperaba.
Íbamos a quedarnos un tiempo en una de las mansiones que él tenía en Salvador, por cuestión