— Sincero. — Corrigió. — Y quiero saber por qué demonios jugaste tan sucio conmigo, porque nunca te hice nada para que jodieras mi vida.
Lo miré con escarnio.
— Soy una mujer de palabra. — Respondí fríamente. — Te avisé que me pagarías.
— Jugaste sucio. — Repitió inconforme. — Y pasaste los límites.
— Hice algo a la altura, eso sí. — Devolví un tanto deliciada. — Recuerda que además de darle una droga de afrodisíaco a Dominic el día de mi boda, aún tuviste la osadía de sugerir lo del tigre a Do