— Mira el avioncito... — Dijo sonriendo, moviendo la cuchara de un lado a otro mientras intentaba hacer que Bernardo comiera su papilla. — Abre la boquita para que el avioncito aterrice, mi bebé. — Pedí – no, en realidad casi supliqué – acercando la cuchara con papilla a su boca.
Alimentar a Isabella era fácil. Bernardo era otra historia, y aquello no estaba nada fácil. Cada vez que intentaba darle la papilla a Bernardo, él inventaba alguna rabieta, negándose a comer. Y yo ya sabía a quién habí