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Estaba tan aburrida, sin nada que hacer. Mis bebés ya estaban durmiendo, y las niñeras los estaban cuidando. Además, después de dar a luz, ni Laura ni Débora me dejaban coger siquiera un maldito cuchillo para cocinar, como si de hecho me estuviera recuperando de una grave enfermedad. Eso porque ya había pasado una semana desde que la médica le había dicho a Dominic que ya no necesitaba guardar reposo.

Pero él era tan terco e irritante que seguía intentando encerrarme en la habitación, y defi
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