No hago caridad

Dante

No importa cuánto tiempo haya pasado desde que me retiré, mi cuerpo recuerda a la perfección lo que tiene que hacer.

Cuándo agacharse, moverse, esquivar… atacar. 

No lo pienso, cuando veo como mi oponente deja descuidado el costado derecho, me lanzo y encajo mis nudillos en el punto exacto entre sus costillas, escuchando como un grito de dolor sale de su boca.

En un segundo mis sentidos se agudizan y mi instinto se activa. 

No le doy tregua. Lo lanzo al suelo omitiendo sus gritos, y lo aprisiono en una llave. 

Mis brazos sobre su cuello y entonces empiezo a contar.

Cuento mentalmente. Diez segundos para el sueño eterno. Quince para la muerte. 

Mis demonios están gritando, exigiendo sangre. 

Mis brazos se aprietan un poco más y escucho como el ruido a mi alrededor se hace mayor.

Justo cuando la oscuridad está a punto de reclamar a Luka, alguien tira de mí.

—¡Estás fuera! ¡Dante, suéltalo! 

La voz de Alexei se cuela en mi interior con una rapidez impresionante y siento como disipan todo a su paso y me traen de regreso al presente. 

Suelto a mi hombre. Respiro con dificultad, sintiendo cómo el sudor y la adrenalina me queman. 

Giro el rostro para ver a mi alrededor y me doy cuenta que estamos en mi Bunker, el lugar que he adecuado debajo de mi mansión para los entrenamientos.

Miro más allá y veo a mi oponente, es Luka, uno de mis hombres de seguridad de confianza. Noto que se sostiene el costado con fuerza, pero cuando me ve tiene una sonrisa en los labios antes de decir:

—La próxima no va a poder hacerme la llave, jefe. Voy a patearle el trasero, con todo re

Sus palabras consiguen que un poco de la tensión del momento se disipe y los hombres de confianza que nos acompañan se ríen.

—¿A si? Y qué es lo que va a impedirlo, porque Alexei puede que no llegue a tiempo.—Mis palabras podrían parecer una broma, pero no lo son.

Alexei ni siquiera debería haber estado aquí y aunque la mayor parte del tiempo mantengo a mis demonios bajo llave, en ocasiones como esta salen a jugar.

—Con todo respeto, jefe. La próxima vez pienso ser yo el que le patee el trasero.

Los hombres se ríen a nuestro alrededor y aunque todo es una broma, yo se muy bien que no podrá hacerlo y que si esto vuelve a pasar lo más probable es que el resultado sea muy diferente.

Sin pensarlo demasiado me pongo en pie el salón entero queda en silencio, no le doy una segunda mirada a ninguno antes de decir:

—Se acabó el entrenamiento, todo el mundo a trabajar.

Camino hacia la salida siendo consciente de los ojos de Alexei en mi nuca, pero no es hasta que llegamos a la planta principal que se digna a hablar.

—Bueno, eso pudo ser peor.

—Probablemente lo sea la próxima vez.—es toda la respuesta que doy antes de meterme en mi estudio.

Voy directo al bar que tengo en el costado y tomo dos vasos antes de llenarlos de bourbon, le tiendo uno  y cuando lo toma me siento en mi lugar tras es el escritorio mientras espero.

Lo conozco lo suficiente para saber que ahora es cuando va a empezar a hablar.

Lo veo dar un sorbo a su trago y dos segundos después lo escucho empezar.

—¿Qué tan seguido sucede?

Aunque ya sabía lo que preguntaría, no puedo evitar que mi cuerpo reaccione a la defensiva, he mantenido muy bien a mis demonios bajo llave, sin que nadie lo supiera.

Mis hombres solo piensan que tengo un humor de perros y que soy, probablemente, algo sádico.

Ambas cosas puede que sean ciertas, pero no es toda la verdad, sin embargo a Alexei no puedo engañarlo tan fácil, pero puedo pasar de él.

—No sé de qué hablas, ahora dime ¿Hay alguna razón para que estés aquí sin avisar?

Sé que va a insistir, lo noto en el ceño fruncido con que mira, pero antes de que pueda hacerlo, la puerta del estudio suena y cuando doy el permiso para que entren, aparece Cecilia, mi ama de llaves y casi la única empleada de mi fortaleza.

—Señor, lamento interrumpir, pero el señor Ríos está aquí.

Mi ceño se frunce al escucharlo porque no he hablado con Tomás Ríos en casi dos años, luego de que tuvieramos un… desacuerdo.

—Vaya, el niño pijo está aquí, no me lo creo—Alexei se ríe mientras me mira, pero sé que está esperando a mi reacción, a mi orden.

Vuelvo a mirar a Cecilia.

—Déjalo pasar.

Cuando la mujer desaparece, mi mejor amigo me da una mirada de reojo.

—¿Estás seguro?

Me encojo de hombros, no tengo nada que perder con escuchar.

—Es él quién ha venido.

No decimos nada más porque la puerta vuelve a abrirse y aparece Tomás. Su mirada pasa de mi a Alexei y noto que se tensa.

Es obvio que no esperaba que estuviera aquí.

—Dante… Alexei—saluda, mientras se acerca y tiende una mano enfrente mío.

Una ofrenda de paz me imagino.

Lentamente, casi perezosamente saco la mia del bolsillo de mi jogger y se la estrecho.

—Tomás.

A mi lado, escucho que Alexei dice algo como : “Niño pijo” pero decido ignorarlo, antes de agregar:

—¿A qué debo esta inesperada visita?

En el instante en que veo como su cuerpo se tensa y su quijada se aprieta, sé que venir hasta aquí, a decir lo que sea que vaya a decir, le gusta tan poco como a mi verle la cara.

Lo cuál consigue despertar mi curiosidad, en especial cuando lo veo soltar un suspiro, parece casi derrotado cuando dice:

Necesito pedirte un favor.

Nada en mi rostro se altera cuando lo escucho.

Yo no hago favores, eso todo el mundo lo sabe. Él lo sabe, por eso el hecho de que lo pida me dice que hay algo más detrás de todo, asi que le tiro un hueso para que muerda.

—¿Qué clase de Favor, Tomás?

—Han atacado a una testigo hace tres días, la arroyaron. La chica quedó en coma y tiene fracturas comprometidas, pero sigue viva..

—Necesita seguridad—lo corto, porque el rollo emocional no me interesa—Puedo ayudarte con eso, sin importar qué, negocios son negocios, traela para….

—Ese es el punto—me interrumpe, consiguiendo que lo mire con fastidio.

—¿Cuál es el maldit0 punto según tu?

—La firma no va a pagar por la seguridad, quieren asignar un oficial, pero eso no va a servir. No vengo por negocios, vengo por un favor, quiero que la tomes como caso pro bono.

El estudio queda en silencio por cinco segundos antes de que escuche la risa de Alexei estallar desde la esquina a donde había permanecido en silencio y aunque me fastidia el ruido, entiendo la razón.

—Yo no hago pro bono. No soy una niñera de testigos, Tomás. Mi empresa hace seguridad de alto valor, no caridad.

Tomas, se endereza en su lugar como si ya hubiese sabido con antelación que esta sería mi respuesta, lo veo sacar una carpeta, y antes de que me la tienda lo corto:

—Ni se te ocurra, no quiero ver nada. No me interesa, si eso es todo puedes retirarte.

Noto que arruga la carpeta en sus manos antes de darme una mirada de rabia y girarse para salir, pero entonces se detiene y dándome una mirada dice:

—El acusado es Ramirez, Dante. Finalmente lo tengo.

Las palabras me dejan momentáneamente paralizado, porque esto no estaba en mi radar y todo, absolutamente todo suele estarlo. Pero conozco a Tomás y sé que no miente, y yo llevo años deseando el momento de ver la caída de ese desgraciado.

He deseado hacerlo caer por mi mismo, pero estaba demasiado escondido tras la ley.

Tomás al ver que no digo nada se gira para irse, pero antes de que pueda atravesar la puerta le digo:

—La pondré en un piso franco con mis mejores hombres. Pero no quiero verla. No quiero saber su nombre. Solo es un objetivo que proteger.— No me involucro con mis clientes, esta es mi regla de oro y sin importar que ese infeliz esté involucrado, no pienso romperla.

Lentamente Tomás se gira hacia mi.

—Entonces.. ¿Aceptas?

—Acepto… pero si esto sale mal, no habrá ley que lo salve.

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