No podía dormir.
Eso no era inusual en el octavo mes; la vigilia nocturna específica de un embarazo que se acercaba a su conclusión se había vuelto una compañera familiar, el cuerpo afirmando que dormir era menos importante que la conciencia, que el cambio que se aproximaba requería una calidad distinta de consciencia que la de los meses anteriores.
Pero esta noche era distinta de la vigilia ordinaria.
Esta noche Caelan se movía.
No la inquietud vespertina familiar ni el registro de la madrugad