Brenda se acostó boca arriba sobre la cama, mirando fijamente el techo mientras inflaba y desinflaba sus mejillas con frustración. No podía dejar de pensar en lo que le había dicho Marilyn esa mañana. Ella había insinuado que estaba enamorada de Haidar, y aunque Brenda quería creer que no era cierto, la duda la estaba carcomiendo.
—Eso no puede ser verdad —susurró para sí misma, como si decirlo en voz alta pudiera convencerla.
Pero había algo en su interior que le hacía cuestionarse. Haidar no