Aisha estaba furiosa. Su voz resonaba en el ambiente, llena de frustración y enojo. Gritaba sobre la situación de su sobrino Haidar y la joven Brenda. "¡No pueden estar juntos!", clamaba, su tono lleno de desespero. Ibrahim, su marido, la miraba con preocupación, intentando hacerla entrar en razón.
— ¿Y qué harás? —cuestionó Ibrahim, tratando de comprender la intensidad de su emoción.
Aisha, sin dudar, respondió con firmeza: "Solo quiero separarlos. No quiero que haya ningún tipo de relación e