Hace semanas que sus mañanas eran más dulces y los días parecían ser dignos de disfrutar.
Finalmente y luego de muchas cosas, Elisa podía volver a sentirse viva y a sonreír por eso.
Esa tarde estuvo sola en la inmensa mansión de ese clan, sintiéndose inmensamente a gusto por estar disfrutando del silencio de ese gran y extrañamente cálido inmueble, sintiendo de fondo el sonido del agua de la pileta del delfín en el patio.
Se había encargado de abrir el ventanal del salón principal para poder