Andrei estaba sentado en su sillón favorito frente al caño de la gran sala, mirando el fierro nuevamente como ya se había habituado a mirar.
No pensaba en nada en particular, hace dos días que no veía a Elisa y ahora esperaba a Igor para que fuera a decirle a ella que debía hablar con su madre en media hora más.
Había estado ocupado los demás días resolviendo unos asuntos y lidiando con el lío que volvía a ser el excéntrico de Stefan, siempre ostentando todo lo que poseía y lo que había conse