—Dijeron que llegaba esta tarde de Francia.
Llevaba casi dos horas en un lujoso restaurante, del cual era socio junto a Arnold. Conversaban acerca de los negocios y de los asuntos que quedaban por resolver, y el tiempo extra lo aprovecharon para beber un par de copas.
Hace apenas unos minutos atrás, el hombre rubio había recibido un llamado: Stefan regresaba ese día de su larga estadía en el extranjero, y para ninguno de los presentes allí esa era una noticia agradable.
—Qué molestia… —Andrei