Capítulo 42. Buenos modales.
Juliette Moreau
Abro los ojos y me siento en la cama de golpe. El corazón acelerado me sube a la boca y por un instante desconcertante, no sé dónde estoy. Pestañeo varias veces para aliviar la neblina que cubre mis ojos y tomo una respiración profunda para intentar calmar esto que siento.
El recuerdo llega de golpe. El teatro, la llamada para saber de Janett, la limusina y la voz de Aston diciéndole al chofer que nos llevara a su ático.
«Estoy en su casa».
Me paso una mano por el rostro y noto la piel tirante, además de los ojos hinchados. He llorado mucho, y no fue algo de un mal sueño.
Es real. Todo lo que anoche pasó en un supuesto sueño, es real.
Cierro los ojos un segundo y me incorporo un poco para apoyar la espalda contra el cabecero. El cuerpo me tiembla de solo recordar todo, absolutamente todo. Hubiera preferido que fuera una pesadilla que se sintió en mis huesos, a confirmar la cruda realidad.
«Estoy entre la espada y la pared con Albert Myers».
Los párpados me pes