Capítulo 129. Te pedí cuidarla, imbécil.
Aston Myers
Ni bien cruzamos la puerta del salón privado cuando empujo a Milo contra la pared con toda la fuerza que llevo acumulando desde que Viena abrió la boca.
Su espalda golpea el panel de madera con un estruendo seco. Lo sujeto de las solapas y lo sacudo sin ninguna consideración.
—¿En qué demonios estabas pensando? —Milo mantiene la cabeza baja. No intenta apartarme ni defenderse, y eso me enfurece todavía más—. ¡Respóndeme!
Su mandíbula se tensa, pero continúa en silencio.
—¿¡Cómo