Cap. 56: ¡Basta los dos!
Renata dudó por un momento. El recuerdo de su primer beso en ese lugar era demasiado vívido, pero finalmente asintió, obligándose a mantener su fachada.
El aire fresco la recibió al salir. Las luces de la ciudad brillaban en la distancia, reflejándose en el río que serpenteaba como un espejo oscuro. Las farolas parpadeaban a lo lejos, y el murmullo del restaurante quedó atrás, opacado por el suave aroma de jazmín que impregnaba el balcón. Ángelo se apoyó en la barandilla, su silueta recortada p