Cap. 124: Lo mejor para los niños.
La oficina del terapeuta estaba decorada con colores cálidos y acogedores, diseñada para brindar una sensación de seguridad. Renata y Ángelo estaban sentados uno junto al otro en un sofá, con gestos nerviosos pero decididos. Frente a ellos, el terapeuta, un hombre de mediana edad con una mirada serena, sostenía un cuaderno y un bolígrafo, listo para guiarlos en el proceso.
—Primero, quiero felicitarlos por dar este paso, —dijo el terapeuta con una sonrisa tranquilizadora—. Es un acto de amor ha