Leonid iba de camino a la mansión Volkov, hundiéndose en sus propios pensamientos al imaginar a Valeria entregándose a otro hombre. Solo de pensar en eso sentía que se volvía loco. Al llegar a la casa, sintió un vacío enorme en el pecho; la mansión se veía tan oscura y triste como su propio ánimo. Todo el lugar parecía reflejar el miedo que tenía de perder a su esposa para siempre. Porque para él, Valeria era simplemente suya y no podía aceptar que alguien más la tocara.
Entró al despacho y emp