"¡Elea, la niña de papá! ¿Qué estás haciendo ahí?"
"Estoy aprendiendo a escribir un diario. ¡Mamá dice que tengo que escribirlo todos los días!"
"Hm, a ver, ¿qué estás escribiendo?"
"¡No! ¡Papá no puede verlo!"
"¡Pero papá quiere verlo!"
"¡No puedes! ¡Papá no puede arrebatármelo!"
"¿Elea? ¿Elea?" Un ligero temblor en el brazo de Elea disipó el sueño del pasado que atormentaba su sueño. Lentamente, Elea abrió los ojos para mirar el rostro sereno de Debora.
"¿Tía?" preguntó Elea con voz ronca.
"¿