Karlene sintió que se había vuelto loca por seguir los extraños deseos de Keff. Dejar que ese hombre le examinara la cintura era sinónimo de permitir que una parte de su cuerpo fuera vista y tocada por él. Lo que la confundía era que ese hombre era Keff, quien no era otro que el padre de su amiga.
"¿Qué está pasando? ¿Qué es lo que realmente quiere el señor Keff?" preguntó Karlene confundida.
Karlene sentía que Keff era muy extraño, pero no se atrevía a contradecirlo. No solo por miedo a Keff,