—Señorita Celeste, me inscribí en una clase de artes marciales después de enterarme de mi problema pulmonar —dijo Amelia con entusiasmo—. Hay un entrenador guapísimo. Cuando tenga tiempo, la llevo para que lo vea.
Luego añadió con indignación:
—Ese desgraciado de Caleb… tiene que dejarlo inmediatamente. ¡Hay muchos peces en el mar!
Celeste estuvo completamente de acuerdo.
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Mientras tanto, Caleb colgó el teléfono con una expresión terrible en el rostro.
Nadia preguntó con suavida