Fiona insistió con tono suplicante:
—Vivien, llámala, por favor. Hace un mes que no la vemos. Tengo curiosidad por saber si se ha puesto más gorda y más fea.
Vivien se sintió incómoda.
—Le dije a mi hermano… —murmuró.
—Entonces llámalo y dile que no venga —replicó Fiona.
Vivien sintió que se estaba ahogando. Celeste ya no era tan fácil de manipular como antes. Incluso si lo fuera, Vivien no se atrevería a invitarla a salir.
Justo en ese momento, Fiona soltó un grito de asombro:
—¡Guau! ¿