–¡Vicente! –Sofía echó la cabeza hacia atrás y apretó las caderas contra su contacto. Si no te quitas esos pantalones y vienes pronto a mí, yo… –aspiró con fuerza el aire y gimió al sentir el primer dedo dentro y luego el segundo–. ¡Vicente, por favor!
Sofía empezó retorcerse y haló sus cabellos cuando le sobrevino un orgasmo.
–¡Oh, Vicente! ¡Vicente!
Él siguió excitándola, llevándolos a ambos al borde del control y más allá. Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano por no darle justo lo que ella