Limpieza profunda.
—Vamos, Kiki, yo te ayudaré con eso —dijo Sara, tomándola del brazo con esa firmeza protectora que era su único salvavidas.
—No —el rugido de Sebastián cortó el aire como un latigazo, deteniéndolas en seco—. Tú —señaló a Sara con una frialdad cortante— vas a entregarle a Miller todo lo que necesite para la auditoría. Ahora mismo.
Sara no bajó la mirada. Al contrario, se irguió, soltando el brazo de Kateryn solo para cruzarse de hombros y clavar sus ojos en los del CEO.
—Vaya... —soltó S