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Ana.
La bestia me puede decir lo que ella quiera, que se quedará con mi pequeño como si fuera su hijo, pero yo no me fio.
Porque el día que tenga hambre nada ni nadie estará seguro, incluso, se le olvidará esta promesa que me ha hecho.
No, mi bebé debe estar a salvo y lejos de esta temible bestia.
Si tan solo Ateba me escuchara para darme la fuerza suficiente, pero sigue agotada, a tal punto, que no la puedo percibir y me temo lo peor.
Así que seré yo, tratando de buscar la manera de que Le