El almuerzo terminó, una extraña mezcla de emoción y preocupación se apoderó de mí.
Charles era irresistible, de eso no había duda, pero no lograba descifrar si sus intenciones eran genuinas o solo un juego.
Me acompañó hasta la salida, su mano rozando la mía durante un instante que pareció eterno.
—Gracias de nuevo por venir, Agatha —dijo, besándome la mano—. Tengo muchas ganas de nuestra próxima… charla.
Sonreí, intentando parecer indiferente. —Igualmente. Ha sido un placer, señor Campbell.