Asentí, con un nudo en la garganta. Su amabilidad y preocupación eran a la vez reconfortantes y un poco abrumadoras. Casi me daban ganas de abrazarlo y buscar refugio en sus brazos, pero los fantasmas del pasado me contuvieron.
Paseamos en silencio por la playa durante un rato, escuchando el rumor de las olas. Estaba a punto de decir algo cuando el móvil de Charles sonó.
—Perdona, tengo que contestar —dijo con una mirada de disculpa.
Se alejó unos pasos y habló en voz baja.
Mientras tanto, apro